Roma

De ida olvidó la mesa grande — la importante. De regreso dejó la extensión de luz, conectada.

Mi hijo está vendiendo café y pizzas para financiar un viaje a Roma en Julio 2026. Es parte de la capellanía de su colegio. Esta es una pequeña reflexión.

Esto de “ir Roma” es como la estrella de belén. No es el fin en si mismo. Y creo que se parece al 5to misterio gozoso del Rosario. José (el caballero) y Maria (la inmaculada) pierden al hijo. En el mundo moderno podrían ser procesados por negligencia y abandono. Al final del texto dice “Ellos no comprendieron lo que les decía.” Al menos en eso puedo decir que me parezco a Jose y Maria. En que no entiendo.

El sábado, en una oportunidad de vender café, Juandi cometió dos errores administrativos. Errores menores, pero esenciales en el buen servicio. Yo me enojé. Pensé en solucionarselo, rápido y de mal modo. Pero agarré mi ímpetu y lo teledirigí hacia Juandi dejándolo que él lo resolviera.

No solo si pudo vender, sino que además me demostró que mi modo de vender cafe no es el único.

Estos “problemas” fueron como tesoros encriptados en frusración porque también pude conversar de regreso en el carro con Juandi (para ir a traer la extensión olvidada)— cosas de altísimo valor. Cosas que si no se dicen en el contexto y tiempo correcto, pierden su fuerza.

La venta del sabado fue improvisada. Surgió en último momento, un dia antes.

Pero hace mucho tiempo que yo estaba buscando un momento para decirle lo orgulloso que me siento de él, sin que sonoara falso u ocasional (por buenas notas o por ganar un trofeo). Decirle que seguro que su difunto abuelo estará muy feliz de verle vender café. Decirle que lo quiero por ser él, no por lo que hace o deja de hacer. Yo pensaba que esto solo en un campamento en al lado de una fogata se podía lograr. Pero he aprendido que en medios de los problemas mundanos tambien es posible.

Ni el mejor curso de liderazgo te ofrece estos momentos de formación del caracter. Tampoco hay caso de ICEF donde yo sea protagonista y alumno simultaneamente. Me refiero apPoder expresarle este afecto sincero mientras los dos aprendemos a trabajar bien, es lo que se llama capital intangible con capital tangible.

No veo como Juan Diego se pueda ir a Roma con sus propios medios. Pero en el camino se nos está juntando un caminante misterioso que nos está enseñando cosas impesables como esta anecdota que aquí termina.

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