La buena noticia de las manos
Le he pedido a Grok, el IA de Elon Musk, que me asesorara en cómo ordenar este monton de cosas en el patio:

Hey Grok, por favor ordena este desorden monstrandome en una imagen qué debería hacer.
Me subí a a bicicleta para ir a trabajar y al llegar al elevador, me mostró la siguiente imagen:

Como no quise comprar nada, mas bien aprovechar unas repizas que me regaló mi hermana, esto fue lo que hice el domingo siguiente:

El algoritmo me ayudó a mostrarme una posiblidad que yo pensaba inexistente, y a la cual no quería dedicarle tanta atención.

Fabrice Hadjadj es un filosofo francés converso al catolicismo. Dice él que el trabajo manual es una bendición porque permite tocar, sanar y crear con la realidad — no sólo como una relación sino mas bien un nudo con la realidad, en esta época donde uno tiende a abstraerse y desmaterializarse gracias a las abundants oportunidades digitales.
Dice él que mas que un obstáculo, el trabajo con las manos es un encuentro con lo divino.
Esta visión me parece aún un poco “bipolar”. Por un lado el trabajo, y por otro, lo divino.
Para mi mas bien el trabajo manual es una manifestación de nuestra identidad divina, una transformación de las substancias (comenzando con el algoritmo digital hasta el tornillo apretado con el taladro) en dirección a una realidad no solamente nueva, sino también superior por estar en beneficio de una comunidad entera. El trabajo manual es una hypostasis que une todo lo creado (visible e invisible) con el fin de encarnar ese deseo interno de infinitud (mas, mas y mas).
Como dice Arthur Brooks, el deseo revela el diseño. Yo tenia el deseo de ordenar todas esas posesiones para mejorar el uso y aprovechamiento en la pequeña comunidad donde vivo. Ese deseo me ha revelado algo de esa filiación con mi verdadero Padre.























