La Iglesia
«quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2, 4).
Funciones de la Iglesia:
munus profeticum (anunciar la buena noticia de la salvación en Cristo)
munus sacerdotale (hacer efectivamente presente y transmitir la vida de Cristo que salva por los sacramentos)
munus regale (ayudar a los cristianos a cumplir la misión y crecer en santidad)
La afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación» significa que toda
salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo.
Nadie puede salvarse si, habiendo reconocido que ha sido fundada por
Cristo para la salvación de los hombres, la rechaza o no persevera. Al mismo
tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eternatodos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su
Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se
esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la
conciencia. Todo cuanto de bueno y verdadero se encuentra en las otras
religiones viene de Dios, puede preparar para la acogida del Evangelio y
conducir hacia la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo (cfr.
Compendio, 170 y ss.).
COMUNION DE LOS SANTOS
La comunión de los santos está orgánicamente estructurada en la tierra, porque Cristo y el Espíritu la hicieron y hacen sacramento de la Salvación, es decir, medio y señal por la que Dios ofrece la Salvación a la humanidad.

«La infalibilidad del Magisterio se ejerce cuando el Romano Pontífice, en virtud de su autoridad de Supremo Pastor de la Iglesia, o el colegio de los obispos en comunión con el Papa, sobre todo reunido en un Concilio Ecuménico, proclaman con acto definitivo una doctrina referente a la fe o a la moral; y también cuando el Papa y los obispos, en su Magisterio ordinario, concuerdan en proponer una doctrina como definitiva. Todo fiel debe adherirse a tales enseñanzas con el obsequio de la fe» (Compendio, 185).
LAICOS
Participan en la misión profética cuando acogen en la fe la Palabra de Cristo, y la anuncian al mundo con el testimonio de la vida y
de la palabra. Participan en la misión regia porque reciben de Él el poder de vencer el pecado en sí mismos y en el mundo, por medio de la abnegación y la santidad de la propia vida, e impregnan de valores morales las actividades temporales del hombre y las instituciones de la sociedad.









































