El beis te puede convertir en papá

Si a tu hijo le atrae el baseball, sentite dichoso. ¿Por qué? Por el fracaso.

En el beis, fallar 70% de las oportunidades a la ofensiva es un buen desempeño. Ty Cobb, con un promedio de bateo de 0.366 de por vida sostiene el mejor promedio de la historia.

El beis es un juego que en teoría no se puede ganar: La defensa tiene control del balon 100% del tiempo. Y la ofensiva sólo puede hacer contacto con la pelota (que es pequeña y se mueve rápidamente), usando únicamente un objeto redondo (bate)— es un ejercicio es sensatamente difícil. Por eso le encanta a los niños.

Agregando insulto al golpe, la inmensa mayoría de los coaches tienden a ser negativos y pesimistas. Lo dice Tom House, coach de Nolan Ryan, el pitcher con record de ponches (mas de 5 mil):

“… baseball becomes a game of failure, coached by negative people, in a misinformation enviroment. Authority figures try to make themeselves look good by pointing out how bad others are. Athetles are more often told and judged on wha they cannot do rather than enlighted and encouraged on what they can do.” — Tom House on Mental and Emotional Management

En el beis no es suficiente ser rápido o fuerte, porque aquí la victoria es para el que sabe gestionarse mentalmente frente a las desventajas, ya que aunque el jugador sea atlético, si la frustración (ponche, error, etc) son distractores muy grandes para su mente, entonces su atleticismo queda de adorno.

¿Y qué situación de la vida real más desventajada que la paternidad?

Cuandos los varones nos convertimos en papás, la vida nos da una autoridad sin competencia. Un dia experimentamos un orgasmo intenso y nueve meses después aparece esta criatura indefensa bajo nuestra protección. Ni siquiera sabemos cortar bien el cordón umbilical con esas tijeras raras, y ya somos el primer referente en la vida de este bebé. Y no basta la experiencia con el primer hijo, pues el segundo trae sus propios retos por ser una persona distinta, y asi sucesivamente. En la parternidad, como en el beis, nunca es suficiente.

Por eso dice Fabrice Hadjaj:

Fabrice es filosofo, converso del ateísmo, es francés y tiene 10 hijos

Frente al hijo, si hubiera un papá perfecto, ya no seria papá. Sería un agente administrador porque un hombre sin limitaciones ni miserias frente a sus hijos es solo un funcionario o tutor pero no un padre, pues los hijos aprendemos especialmente de las debilidades de nuestro papá.

Aunque la reputación del fracaso es mala (pues tanto adoramos al éxito), en el beisbol, hay que usarlo como una maqueta de la vida real. El beis -muy similar a la vida- puede ser brutal y devastador, pero también puede obrar milagros en el conocimiento de nosotros mismos.

Empezando porque no somos inmortales. El hecho de que vayamos a morir es prueba de que algun dia enfretaremos ese “fracaso” fatal.

Es el fracaso, y no el éxito, el que reina soberanamente sobre todos nosotros: determina el funcionamiento de nuestra mente, la forma de nuestra vida, las circusntacias de nuestra andadura por el mundo.

Por lo tanto, el béisbol infantil, más que un deporte donde hay que ganar, es un juego que su experiencia nos proporciona una oportunidad para ver nuestra existencia sin filtros; un error o un ponche nos coloca en una situción excepional para comprender quienes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo. Nos sirve para quitarnos el autoengaño del amor propio exagerado y nos vemos obligados a comprender qué somos con exactitud.

El fracaso es siempre nuevo, mientras que el exito, al multiplicarse, pierde todo interés.

El beis puede enseñar a amar la verdad más que a uno mismo.

El beis ayuda a adoptar al hijo.

A mí el beis me hizo papá.

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