Empuñando la Espada del Espíritu

Hay que tener un plan para sofocar la fuerza irracional que atenta nuestra vocación. “Y no se trata de una sola renovación de conducta, sino de  la adquisición de una nueva vida superior, de una renovación radical que nos da un nuevo <ser existencial>, ser-en-xto. De una ,nueva creacion> (Ef 6,15)” (Fuente: Manual EPJ). Por esto la gracia es mas grande que el pecado.

 

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los efesios (6, 10-20)
Hermanos: Busquen su
fortaleza en el Señor y en
su invencible poder. Utilicen
las armas que Dios les ha
dado, para poder resistir a
las asechanzas del diablo.
Porque no estamos luchando

contra fuerzas humanas, sino

contra las fuerzas espirituales
y sobrehumanas del mal, que
dominan y gobiernan este
mundo de tinieblas.
Por eso, para que puedan
resistir en los momentos difíciles
y quedar definitivamente
victoriosos, revístanse con
la armadura de Dios: que su
cinturón sea siempre la verdad;
su coraza, la justicia; su calzado,
la prontitud para anunciar el
Evangelio de la paz; que la fe
les sirva siempre de escudo
para protegerlos y apagar las
flechas incendiarias del enemigo
malo; pónganse el casco de la
salvación y empuñen la espada
del espíritu, que es la palabra de
Dios.
Y, con la ayuda del Espíritu
Santo, oren y supliquen
continuamente. Velen en oración
constantemente por todo el
pueblo cristiano y también
por mí, a fin de que Dios me
conceda hablar con toda libertad
para anunciar el misterio de
Cristo, contenido en el Evangelio,
del cual soy embajador,

aunque estoy encadenado.
Pidan, pues, que tenga valor
para predicarlo como debo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 143
Bendito sea el Señor,
mi fortaleza.
Bendito sea el Señor,
mi roca firme;
él adiestró mis manos
y mis dedos
para luchar en lides.
Bendito sea el Señor,
mi fortaleza.
El es mi amigo fiel, mi fortaleza,
mi seguro escondite,
escudo en que me amparo,
el que los pueblos
a mis plantas rinde.
Bendito sea el Señor,
mi fortaleza.
Al compás de mi cítara,
nuevos cantos, Señor,
he de decirte,
pues tú das a los reyes la victoria
y salvas a David,
tu siervo humilde.
Bendito sea el Señor,
mi fortaleza.

Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
¡Bendito el rey que viene en el
nombre del Señor! ¡Paz en el
cielo y gloria en las alturas!
Aleluya.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (13, 31-35)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se acercaron
a Jesús unos fariseos y le
dijeron: “Vete de aquí, porque
Herodes quiere matarte”.
El les contestó: “Vayan
a decirle a ese zorro que
seguiré expulsando demonios
y haciendo curaciones hoy
y mañana, y que al tercer
día terminaré mi obra. Sin
embargo, hoy, mañana y pasado
mañana tengo que seguir mi
camino, porque no conviene
que un profeta muera fuera de
Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que
matas y apedreas a los profetas
que Dios te envía! ¡Cuántas
veces he querido reunir a tus
hijos, como la gallina reúne a sus
pollitos bajo las alas, pero tú no
has querido!
Así pues, la casa de ustedes
quedará abandonada. Yo les
digo que no me volverán a

ver hasta el día en que digan:
‘¡Bendito el que viene en el
nombre del Señor!’ ”
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Pope at Mass: Christian life is a continuous battle against the devil

2014-10-30 Vatican Radio

 

(Vatican Radio)  Pope Francis described Christian life as a continuous battle being waged against Satan, the world and the passions of the flesh. His comments came during his homily at Mass celebrated on Thursday morning at the Santa Marta residence. He stressed that the devil exists and we must fight against him with the armour of truth.

Pope Francis’s reflections during his homily were taken from the words of St Paul in his letter to the Ephesians where the apostle urged Christians to put on the full armour of God in order to resist Satan’s temptations.  A Christian life, he said, has to be defended and it requires both strength and courage. It’s a continuous battle against the three main enemies of Christian life which are the devil, the world and the passions of the flesh.

“From whom do I have to defend myself? What must I do?  Pauls tells us to put on God’s full armour, meaning that God acts as a defence, helping us to resist Satan’s temptations.  Is this clear?  No spiritual life, no Christian life is possible without resisting temptations, without  putting on God’s armour which gives us strength and protects us.”

Saint Paul, continued the Pope, underlines that our battle is not against little things but against the principalities and the ruling forces, in other words against the devil and his followers.

“But in this generation, like so many others, people have been led to believe that the devil is a myth, a figure, an idea, the idea of evil. But the devil exists and we must fight against him.  Paul tells us this, it’s not me saying it! The Word of God is telling us this.  But we’re not all convinced of this.  And then Paul describes God’s armour and which are the different types that make up this great armour of God.  And he says: ‘So stand your ground,  with truth a belt around your waist.’  The truth is God’s armour.”

By contrast, said Pope Francis, the devil is a liar and the father of liars and in order to fight him we must have truth on our side.  He also underlined the importance of always having our faith in God, like a shield, when fighting this battle against the devil, who, he noted, doesn’t throw flowers at us but instead burning arrows.

“Life is a military endeavour.  Christian life is a battle, a beautiful battle, because when God emerges victorious in every step of our life, this gives us joy, a great happiness: the joy that the Lord is the victor within us, with his free gift of salvation.  But we’re all a bit lazy, aren’t we, in this battle and we allow ourselves to get carried away by our passions, by various temptations. That’s because we’re sinners, all of us!  But don’t get discouraged.  Have courage and strength because the Lord is with us.”

(from Vatican Radio)

 

Source:

http://www.news.va/en/news/pope-at-mass-christian-life-is-a-continuous-battle

Idólatra del Sabor

Quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios (Cf. Gal 5, 18-25), pues son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre.  Alguien así vive sujeto a los instintos, deseos y pensamientos de su desorden y egoísmo (Cf. Ef 2, 1-10).

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Esperanza: http://visual.ly/5-ways-lose-weight-fast-%E2%80%93-infographic

¿HDLL o HDLGP?

Todos saben qué signifca en español, guatemalateco, HDLGP [significa “hijo de la gran *ut*]. Es el máximo insulto local. Por otro lado HDLL es el acrónimo que le puse a la liturgia de la palabra de hoy “hijo de la luz”.

Entre los laicos, con quienes he participado, es muy común las bromas con tiro morboso y chistes groseros, como elemento de “integración” o “convivencia”. Yo me he reído con gozo de muchos chistes y situaciones así. Pero estos textos de hoy me han desafiado a una hermenéutica de la autenticidad:

1

 

 

2

 

 

 

 

 

 

LUCAS – Juicio Histórico/crítico:

ParelEvangeliodeLucas,elautor es anonimo,se trata de un cristiano de segunda generacion, que no fue discipulo de Jesus ni testigo ocular; se revela como un helenista culto y no un rabino judío; un historiardor atento y con oficio. Probablemnte escrito entre los años 80 y 90d.C. Al autor de Lucas le interesa resaltar, entre otras cosas, un Jesus profetico, encargado de revelar al Dios bueno, Jesus es portador de la buena nueva que hace saltar de gozo incluso a su primo lejano en el vientre de Isabel.

 

 

EFESIOS – Juicio Histórico/crítico:

Ya no Aguanto a mi Espos@

El amor de Cristo a la Iglesia y de la Iglesia a Cristo no es un “amor tranquilo”,  sino siempre atento y marcado por la cruz ¿En qué cabeza cabe que tu matrimonio sería diferente?

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Idea original de la imagen: Lectura del sínodo de los obispos (interpretación mia):The Bunker of Love — The Family

Este post lo realicé hace como un mes, solo con la foto de arriba. Este fin de semana tuve mal entendidos con mi esposa y me he puesto a revisar algunas fuentes que me estan siriviendo y que creo que pueden ayudar a otras personas en situación similar a la nuestra con MJ, mi esposa.

LA FAMILIA ─ Pag 35 / Capitulo 4

Copia de libro de Milton Iglesias Fascetto ─ Diácono permanente  fallecido en septiembre de 2014, a los 76 años de edad en Montevideo. Recibió la ordenación diaconal en 1987, Al momento de su muerte era copresidente suplente de la Confraternidad Judeo-Cristiana del Uruguay. Era casado y tenía tres hijos y seis nietos (fuente).

 

En el Antiguo Testamento el matrimonio se utilizaba como imagen para explicar la relación de Yahvé con su pueblo Israel. Se partía de lo conocido por los seres humanos (la experiencia matrimonial) para comprender algo misterioso: el amor de Dios para con su pueblo, el amor de Dios que se había atado a Israel por la alianza.

 

En el Nuevo Testamento se parte del desposorio de Jesús con la Iglesia, con la que forma un solo cuerpo, para llegar al significado y contenido del matrimonio cristiano. La revelación del Nuevo Testamento eligió el concepto de nupcialidad para hablar de la comunión vital entre Jesús Salvador y la humanidad redimida (la Nueva Alianza). En Jesús se unen “se casan” lo humano y lo divino en un solo ser. A Él se le pueden atribuir adjetivos humanos y divinos con verdad. Jesús, en forma misteriosa, comprende toda la realidad humana en la que nos integramos nosotros. Asume lo nuestro y nos hace partícipes de lo suyo.

 

Tenemos que develar el contenido del matrimonio entre Cristo y la Iglesia, ya que es éste el que revela a los esposos el misterio salvífico de su amor.

 

El sacramento del matrimonio no es otra cosa que el amor de los esposos y por esa razón el rito matrimonial, en lo fundamental, no es otra cosa que la manifestación de ese amor a través del consentimiento público. Los ministros del sacramento del matrimonio son los propios contrayentes. Él le administra el sacramento a ella y viceversa. El ministro de la Iglesia, testigo cualificado, bendice en nombre del Señor esa boda, y confirma que ante Dios y la Comunidad se ha dado el consentimiento matrimonial.

 

El “modelo” del amor de los esposos es el amor de Cristo y su Iglesia. Por lo tanto se trata de un amor total que involucra todos los estratos del ser y para siempre. Formar un solo ser, “una sola carne”, a imitación de Cristo y su Iglesia, es la vocación del matrimonio cristiano.

 

En este sentido se les llama “cónyuges” porque, atados al mismo yugo, hacen un único camino. Esta afirmación supone un cambio radical: ya no pueden considerarse solteros como antes, sino donados o unidos el uno al otro. Así dice San Pablo: “forman un solo cuerpo”. Por eso amar al otro es amarse a sí mismo (Efesios 5,28-29).

 

Recae en uno lo que sucede al otro. Existe una verdadera circularidad que manifiesta que los dos son uno, como hay una circularidad entre Cristo y la Iglesia, porque son uno.

 

En este aspecto es significativo el contrato matrimonial donde además del mutuo derecho de uno al otro, se da un derecho conyugal, como si fueran una sola persona jurídica –bienes gananciales–, y el uso del mismo apellido.

 

Esto último en la actualidad está prácticamente en desuso, conservándose en algunas partes de Europa el que la mujer adopta el apellido del hombre justamente para significar lo que antecede. Pero en América cada cónyuge continúa el uso civil y religioso de su nombre y apellido de origen.

 

A esta altura del tema conviene subrayar algo importante. Hablar de que el matrimonio debe reflejar el amor de Cristo y la Iglesia puede quizás inducir a alguien a espiritualizar el amor humano.

 

Si a la familia se la llama “la pequeña Iglesia” o “Iglesia doméstica”, no se deberá solamente a que la familia sea célula de la sociedad eclesial, como lo es de la sociedad humana, o porque de la calidad de la familia dependa la calidad de la Iglesia; sino principalmente por ser en pequeño la expresión del misterio de Cristo y la Iglesia.

 

Por eso la “pequeña Iglesia”, como “la Iglesia mayor” (aspecto empírico del Cristo real prolongado en la historia), debe reflejar las dimensiones de santidad, consagración y testimonio del amor de Cristo a la humanidad. Este aspecto eclesial del matrimonio se manifiesta claramente en la liturgia del sacramento: éste se celebra ante la Iglesia, que está presente por medio del ministro ordenado (Obispo, Presbítero o Diácono) y de la comunidad (parte y símbolo de toda la comunidad eclesial).
La Iglesia-comunidad celebra el amor de los esposos, ruega para que se realice ese reflejo de la unión de Cristo y su Iglesia, y acepta gozosa que esa pareja se convierta en signo visible del misterio salvífico de su unión con Cristo. De aquí se deduce que lo que divide a los esposos es un contrasigno; es la contramarcha de su misión en el interior de la Iglesia y, por lo mismo, es faltar a la vocación a la que Dios ha llamado a los esposos.

 

El sacramento del matrimonio es el asumir por parte de Cristo el amor de los esposos, haciéndolos partícipes, como personas referidas la una a la otra, de su misterio pascual o salvífico; misterio que no está desligado de Él, sino que es Él mismo quien se instala en el amor de la pareja asumiéndolo como suyo y dándole su dimensión divina y trascendente.

 

Es el amor de los esposos lo que es y santifica el sacramento. Vale decir que la referencia de uno a otro no queda encerrada en ellos, sino que adquiere en Cristo, por Cristo y con Cristo una dimensión divina, sagrada y eclesial.

 

Se dice de la Virgen María que, al besar a su hijo Jesús, besaba a Dios. Algo semejante tiene que decirse de los esposos. Su relación amorosa no queda encerrada entre ellos, sino que, por el sacramento, se convierte en encuentro con Dios, en el ámbito de la Iglesia.

 

La llamada “espiritualidad conyugal” consiste en vivir conscientes y cada día con mayor plenitud esta dimensión divina (que religa –que ata– con Dios, que participa de su vida) del amor de los esposos.

Lo anotado precedentemente es una llamada de atención para quienes se olvidan del sacramento o no toman conciencia del mismo y, por ello, no toman el amor conyugal con mayor seriedad. Se olvidan del tesoro escondido y así pierden el vivir religiosamente su experiencia humana: la más rica y gratificante de que son capaces.

 

El amor aspira a la fusión de los que se aman. Pero la experiencia enseña que entre los cónyuges se interpone el mundo de los propios egoísmos; todo eso que hiere y que desune. El hombre y la mujer que se casan no dejan de traer consigo el culto a la propia persona, la preocupación por la propia felicidad. Es decir, traen una simiente de discordia. La gracia de la unión ayuda al compromiso y anima a los esposos a ser capaces de obedecer a los imperativos del amor. Con esta seguridad los esposos pueden repetir con San Pablo: “todo lo puedo en
aquel que me conforta”.

 

Ante el mal que acecha, por el sacramento se tiene la seguridad y la esperanza de que con la gracia todo lo podemos. Cristo es fiel y siempre se desvive para salvar el amor de los esposos. Esta fe y confianza es importante, especialmente cuando surge la incomprensión. Es necesario tener fe en el sacramento. Dios llamó y da la gracia para realizar la vocación. Sin esta fe fácilmente se cae en la resignación (al ver caer la ilusión soñada) o en el estancamiento del amor.

 

1) El diálogo: un diálogo muy existencial sobre la realidad que viven los dos, sobre los sentimientos, sobre la realización personal. 2) La oración en común. Donde se explicite y celebre la conciencia del misterio que viven en su amor; donde se goce de la presencia de Jesús, quien da una dimensión trascendente al amor; recordando aquello de que “esposos (o familiares) que rezan juntos permanecen juntos”.

 

3) El compromiso en común. El compromiso evangelizador en común lleva a compartir los centros de interés en el apostolado. Es una nueva forma de unión en la acción y una nueva forma de complementarse.

 

4) La gracia de la fidelidad. La fidelidad generalmente se piensa como exclusión de un tercero, sea en el orden carnal o en la imaginación, idealizando al consorte y no aceptándolo como es. Pero fidelidad significa muchas cosas más para las que colabora la gracia. El evangelio nos dice que “donde está tu tesoro está tu corazón”. A veces se dan tesoros (egoísmos, cosas, personas, honores, etc.) que captan el corazón al margen y aún con desmedro de la conyugalidad. Son formas de infidelidad.

 

La fidelidad supone un permanente crecimiento en el amor, el cual se explicita muchas veces por el concepto de indisolubilidad. Indisolubilidad no significa aguantarse o permanecer fiel al juramento sólo materialmente, sino un proyecto de vivir de a dos siendo como sólo uno, como catalizador de las posibilidades de mutua entrega y crecimiento en el amor. Y esto supone tanto la cruz como la
gracia que lo hace posible.

 

La gracia de la fidelidad es la que hace capaz de sacrificarse sin descanso uno por el otro, derrotando siempre al egoísmo, que nunca muere y tiene mil formas de comprometer el amor. La gracia de la fidelidad es la gracia de la reconciliación, del saber perdonarse y pedir perdón “setenta veces siete”, es decir siempre.

 

En resumen, los esposos han de acudir al Sacramento del Matrimonio permanentemente para tomar conciencia y vigor: 1. Para no considerarse más como personas aisladas, sino “religadas”, unidas, donadas la una a la otra.
2. Para que el amor que viven, muy analizable a nivel empírico, muestre su reverso trascendente y divino: Cristo. 3. Para recordar que hay un refuerzo para ayudar a la debilidad humana en la obra maestra de la mutua unión, en la construcción del solo ser (una sola carne), a nivel vertical, comprometiendo todos los estratos del ser, y a nivel horizontal, a lo largo de los días, para ir creciendo en el amor sin caer en los lazos de la rutina o el cansancio.

 

Ficha del Capítulo 4
1. ¿Tengo claro el significado y alcance del Sacramento del Matrimonio que he recibido y que administré (o que voy a recibir o administrar, si son parejas que se preparan)?
2. ¿Qué es para mí hacerme una sola carne con mi esposa(o)?
3. ¿Cómo vivo el “nosotros”?
4. ¿Vivo cada día consciente de la dimensión divina del Sacramento del Matrimonio?
5. ¿Vivo con seriedad el amor conyugal?
6. ¿Me preocupo más de mi felicidad que por la de mi esposa(o)?
7. ¿Dialogamos sobre nuestros sentimientos y realizaciones personales?
8. ¿Oramos juntos?
9. ¿Cuál es nuestro compromiso evangelizador?
10. ¿Cómo es nuestra fidelidad?
11. ¿Sabemos perdonarnos, reconciliarnos?