Matrimonio es un Lego

El matrimonio es como el Lego original.

Su diseño esencial —dos piezas distintas diseñadas para encajar a la perfección— contiene, en miniatura, toda la posibilidad de construcción.

De esa unidad única e irreductible surge toda estructura posterior: la sencilla torre de dos ladrillos de un hogar, la extensa ciudad de una civilización, la arquitectura catedralicia de la cultura misma. Cada nueva configuración tiene un aspecto diferente, cumple un propósito distinto, pero se mantiene fiel a la misma geometría fundamental de conexión.

Así como toda creación Lego, por muy elaborada o inesperada que sea, no es más que el ladrillo original repetido, rotado y unido según su lógica inherente, así también toda sociedad humana es un matrimonio reiterado, transfigurado y escalado.

El lego no solo precede al juguete terminado; es la gramática oculta del juguete terminado. Del mismo modo, el matrimonio no es solo la primera sociedad, sino la última: la forma que, al divinizarse, se convierte en la comunión eterna de las personas, el perfecto entrelazamiento de la Trinidad y los ciudadanos del cielo. Los clavos y tubos del ladrillo son el análogo terrenal de ese ajuste divino. Son la clave interpretativa universal: una vez que entiendes cómo dos piezas están destinadas a sostenerse entre sí, entiendes cómo todo lo demás se mantiene unido, y cómo todo lo demás es sostenido por Aquel que diseñó el sistema.

Sintomas, no causa

El matrimonio como pacto para el romanticismo es la herejía que mueve todos los síntomas como el divorcio express, la sodomia legalizada, el asesinato del no nacido, el adulterio discreto, etc.

El matrimonio es una alianza donde el Señor del cielo y la tierra participa. O sea es sacramental.

Pero ha pasado de ser una alianza divinizada, a una sexo-licencia revocable. Un leasing de cuerpos. Un swap de egoísmos.

Para el bautizado, no es tanto una cuestión de “construir” la vida sacramental, es cuestión de aceptarla.

Conclusión

Somos como un lego en que cada uno dependemos de alguien mas para tener sentido. Nadie se salva solo y nadie se condena solo.

Entonces hay que educar para el matrimonio, independientemente de la vocación específica de cada hijo. Estamos transmitiendo nuestros hijos a la sociedad mucho más directamente que transmitiendo la sociedad a nuestros hijos. O sea no se trata del mundo que les dejamos, simplemente es la fe lo que podemos heredar.

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